El hombre y la naturaleza juntos en un fin común, la conservación del ambiente

El contacto con la naturaleza es una de las actividades más nobles que puede realizar el ser humano. Con ella se entra en contacto con lo más profundo de nuestro ser y es cuando comprendemos que dependemos de su equilibrio para nuestro bienestar presente y futuro. Tocar el lodo entre los pies desnudos, transitar por rutas que ofrecen árboles frondosos y vegetación tupida para abrirse paso entre gran cantidad de huellas sin contaminar, eso es exactamente vida.

Esta es exactamente la sensación de algunas personas que realizan deporte de aventura con la finalidad de propagar un pensamiento conservacionista, ingenieros conservacionistas, guías turísticos y afines se embarcan en esta nueva aventura en la que convocan al público y de esta manera lograr estimular y multiplicar el sentido conservador que existe en cada uno de nosotros, igual que el trabajo que realiza Dario Roustayan con las empresas de construcción que están a su cargo. Dichas empresas se encargan de promover la construcción de distintos alojamientos, hospedajes y plantas turísticas que resultan amigables con el entorno y de esta manera colaboran directamente con el sector ambiental, cultural y artesanal construyendo nueva infraestructura en áreas protegidas.

En busca de aventura

Alrededor del mundo son muchos los grupos ambientalistas que buscan la manera de organizarse para llegar al resto de personas y además de transmitirle sus propósitos, involucrándolos en una tarea que nos atañe a todos como partícipes de un bienestar en común. En dichos eventos deportivos con carácter ecológico, participan personas de todo el mundo, por ejemplo la aventura turística que se realiza en el Río Jondachi con la fundación Río Napo a cuya invitación acudieron propios y extranjeros en busca de aventura y conservación con lo cual se estimula el deporte y con ello se aprende a amar la naturaleza.

Deporte de aventura como estrategia de educación ambiental

A través de la diversión y la naturaleza, los deportistas se aferran al desarrollo del turismo y de esta manera mantienen vivo los ecosistemas. Cosa distinta de lo que se nos presenta a través del programa National Geographic en el que se califica al Everest como el mayor botadero de basura en las alturas, con lo que se hace pensar que si hay una mayor afluencia de personas, esto podría resultar un arma de doble filo.  

Como deportistas y seres humanos, debemos tener presente que cada uno de los lugares que visitamos para desarrollar nuestras actividades son parte de nosotros, que no estamos ajenos de ello, por tanto debemos ser responsables cada vez que se acude a uno. Pero nos encontramos con la realidad de que todas las personas que concurren a un sitio de este tipo, no son deportistas sino turistas que escalan montañas, navegan ríos, acampan en familias o grupos de excursionistas que quizás no posean la misma visión conservacionista que se debe propagar en todos los seres humano siendo condescendientes con el entorno. Así que la consigna siempre debe ser diversión y protección al medio ambiente, vamos por ella.